“Perros del mundo uníos”, nuevo libro de nuestro colaborador Alejandro Vásquez Escalona

Contenido de la edición 23.12.2025

 

Perros del mundo uníos entrelaza crónicas y retratos de personas con sus perros. Es una ventana para conversar sobre la condición humana, sobre las experiencias de vida de los fotografiados. La relación en éstas vivencias con sus animales.

Más que reseñas periodísticas indagadoras de lo cuantitativo, son construcciones narrativas sencillas acerca de las experiencias vividas en la complejidad de la existencia, que a veces suceden en soledad con la única compañía del animal.

El proceso de escritura de este trabajo fue una especie de bitácora de agradecimiento en el regreso del autor a Venezuela desde Uruguay en 2021 después de varios años como migrante en esa nación. En Montevideo inició las conversaciones con la gente y sus mascotas en las plazas y parques de la ciudad. Continuaron a su paso por Buenos Aires, en una especie de agradecimiento, escribe sobre los perros y las mujeres que lo cobijaron en sus hogares durante un mes. Luego hace algo similar en su estadía de regreso en Caracas, Valencia y Barinas, en Venezuela, antes de llegar a Maracaibo, la ciudad donde tiene su hogar a orillas del Lago Coquivacoa.

En Perros del mundo uníos habitan conversaciones con bailarinas, policías, un teniente coronel del ejército uruguayo, una norteamericana observadora de derechos humanos, estudiantes universitarios, entre otros. Existe la aspiración de acercarse a la densidad humana desde lo sencillo y habitual. Y nada más.

Juana ladra a la luna

Juana la perra marrón con manchas tímidas negras, intuye que existe un cielo. Le ladra a la luna que se quedó dormida para ver si seduce a un lucero despistado. Cree que Bruna su compañera está cerca en el camino al Nirvana. Ladra también para hacer saber al fotógrafo su lejanía a la iluminación, aunque conozca mucho de luz. También Bruna, la chica que la pasea en la plaza Seregni de Montevideo, se encuentra lejísimo del hacedor de retratos. El viaje al Nirvana aún es extenso. Asi es el asunto.

Bruna Goncalves   rescató a la perra Juana de un asilo de animales. Era solamente un puñadito de ladridos que cabía en su mano. Después creció y mírala ahora como es grandota. No tiene raza definida, pero es fuerte. Y nos llevamos bien, dice. La sonrisa de la chica expresa goce por la vida. Se cobija debajo de un aluvión de cabellos largos destellantes. Se asienta en un rostro inocentemente seductor como el aroma de la primavera que recién llega.

La muchacha de vestimenta azul cielo trabaja en una entidad bancaria de la ciudad. Su inmanencia no es de administrativa. No banquera. Se recibe en pocos meses de nutricionista en la Universidad de la República (UDELAR). Es vegetariana. No vegana. Comparte plenamente cuando le comento que el veganismo es un extremo de la vara, en el otro estarían las personas que aman consumir carne. Asados en Uruguay, carne en vara o parrilla en Venezuela, entre otras maneras de hacerlo. Y me voy de aprendiz de budismo, preciso que el vegetarianismo es el Noble camino del medio que enseñaba Buda. Ajá. Ajá. Viste.

Juana no cesa de ladrar. No agrede. Desea advertir solamente. Perro que ladra no muerde, pienso. Menos en Uruguay. Aprenden la conducta de no violencia. Salvo que sean perros guardianes. Es otro asunto. Ladrar y dentellar es su oficio.

Decir que se ama a los perros, gatos y comes carne de ternera o de gallina entre otras. Desplegar rituales sociales similares a los ofrecidos a las personas alrededor de estos animales y comerse un asado, un churrasco o una carne guisada, es un amor condicionado, sostiene Bruna ´Algo similar a amar y proteger a tu familia, sin importar mucho lo que les suceda a otras personas´. Amores marcados. Amores que mueren en los frigoríficos. Amores congelado. Desamores que matan. Un perro es un perro. No tortas de cumpleaños.

Causar el menor sufrimiento posible a otros seres vivientes, es una de las premisas del budismo. Reflexiono en silencio sobre esto. Respiro el aire húmedo aún del invierno que se despide. Ahora no ocasiono sufrimiento a nadie. Gozo al escuchar las sentencias sabias y adelantadas de Bruna. Al ver la travesura sensual adherida a las palabras que suelta y la impaciencia de aquellas que esperan detrás de sus labios.

Al ver la vestimenta de la muchacha, tan azul como el cielo al que ladra Julia, se me azulea el corazón. No se me enrojece. Evado interpretaciones, posiblemente verdes. Viejas. Posiblemente nadie compre éste relato. No pasa nada. Llevo en mi cartera una moneda uruguaya de diez pesos, sacada de circulación. Me siento millonario cuando la chica de azul cielo afirma convencida que: ´El dinero cuando lo sueltas viene´. Karmas positivos hacen fluir situaciones agradables, interpreto. No lo expreso para no monotematizar. Tal vez, vaya a la rambla (malecón) y lance al mar la moneda que ahora me pesa como metáfora de los apegos terrenales que hace más pesada la mochila en el sendero a la iluminación, pero seguramente evocaré ésta conversación bajo otro cielo azul en otros territorios.

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ALEJANDRO VÁSQUEZ ESCALONA

(Venezuela, 1956). Fotógrafo, escritor, videoasta. Profesor de la

Escuela de Comunicación Social de La Universidad del Zulia (1987/2016).

Docente invitado a Aquelarre - Escuela de Fotografía. Montevideo (Uruguay-2021)

acuantola@gmail.com


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2025-12-23T19:56:00