¿Podemos seguir aprendiendo en armonía con la IA?
Wayne Holmes
Contenido de la edición 03.05.2026
Hoy en día capaz de redactar un informe o de resolver una ecuación compleja, la inteligencia artificial generativa es percibida por muchos como una herramienta revolucionaria que transformará nuestra forma de aprender, mientras otros estiman que amenaza a la capacidad cognitiva de las nuevas generaciones. Una cosa es cierta: la educación, cuyo propósito también es socializar y desarrollar el espíritu crítico, sigue siendo irremplazable.
La idea de que tecnologías emergentes puedan suplantar al aprendizaje no es nueva. En la Antigüedad, Sócrates ya se oponía, en el Fedro de Platón, a una tecnología entonces novedosa: la escritura, que entonces consideraba capaz de reemplazar al aprendizaje. A mediados del siglo XVIII, el filósofo de la Ilustración Jean-Jacques Rousseau afirmaba que los libros iban a producir un efecto semejante y, en fecha más reciente, se han esgrimido argumentos similares en relación con Internet: ¿para qué aprender si estos programas proporcionan un acceso inmediato a todo el conocimiento del mundo a través de nuestros teléfonos móviles? Sin embargo, a pesar de que todos estos avances han influido en la enseñanza y el aprendizaje, ninguno de ellos ha quedado obsoleto.
Con el surgimiento de la inteligencia artificial (IA), primera tecnología capaz de imitar al ser humano y cada vez más integrada en la vida cotidiana, la pregunta vuelva a plantearse de nuevo: Si la IA generativa puede "redactar" disertaciones, "resolver" ecuaciones complejas y "codificar" mejor que la mayoría de nosotros, ¿qué necesidad tenemos de aprender?
El "potencial" educativo de la IA suscita un auténtico entusiasmo. La llegada de la IA generativa ha generado numerosos estudios internacionales, como el de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de 2026 o el del Banco Mundial de 2025. Estos informes, a los que se suman los de algunos ministerios de Educación, afirman que esta nueva tecnología puede liberar a los docentes de las tareas más rutinarias, preparar a los alumnos para cambios futuros y personalizar la enseñanza. Esto es, en cualquier caso, lo que aseguran dichos estudios.
Tutorías "inteligentes"
En realidad, la educación lleva mucho tiempo integrando la IA. Aunque esta tecnología parece haber irrumpido bruscamente en el panorama educativo, en realidad es objeto de diversas investigaciones desde hace más de cincuenta años. Hace más de una década la IA se integró en las aulas del mundo entero, principalmente en forma de "sistemas de tutoría inteligentes", una denominación engañosa, ya que esos métodos no manifiestan inteligencia alguna. Estos sistemas asistidos por la IA están destinados a brindar a cada estudiante una tutoría individualizada, considerada más eficaz que el aprendizaje en grupo. Dicho de otro modo, están concebidos para automatizar determinadas funciones de la enseñanza, lo que inevitablemente implica la automatización de ciertos aspectos del aprendizaje.
Este ejemplo es instructivo, en particular por lo que queda fuera. Según el filósofo Gert Biesta, profesor de Educación Pública de la Universidad de Maynooth, en Irlanda, en realidad el aprendizaje sólo es una de las funciones de la educación. Además del aprendizaje, esto es, de la adquisición de conocimientos, competencias y capacidades, lo que Biesta llama "cualificación", la educación da forma a la "socialización", proceso mediante el cual hallamos nuestro lugar en los grupos sociales, culturales y políticos específicos, y a la "subjetivación", que es la manera en que llegamos a ser personas capaces de pensar con independencia y asumir la responsabilidad de nuestra propia vida.
"La IA no dice nada acerca de los elementos que nos convierten en sujetos sociales responsables, que es uno de los cometidos fundamentales de la educación"
En la medida en que la IA rara vez, -por no decir ninguna-, aborda las funciones de socialización y subjetivación, me parece evidente que la educación sigue siendo absolutamente necesaria. La cuestión se plantea únicamente en lo relativo al aprendizaje: si la IA generativa es tan poderosa que puede reemplazar la necesidad de adquirir conocimientos (los datos que le solicitamos) y de realizar ciertas tareas (como redactar un documento), ¿todavía necesitamos aprender?
Prejuicios y grandes errores
A primera vista, los textos que produce la IA generativa son impresionantes. Son escritos fluidos y parecen objetivos. Sin embargo, sabemos que estas composiciones están plagadas de sesgos y de ideas absurdas, lo cual se explica especialmente por el hecho de que esta tecnología ha sido adiestrada mediante textos de Internet, con todas las inexactitudes, recelos y sinsentidos que esto conlleva. También, porque es así cómo funciona la IA. Además, por notables que sus resultados parezcan, estos sistemas no hacen más que escoger la solución más probable a partir de los datos recibidos en el adiestramiento (Internet) y de la petición formulada (la solicitud). A veces, ese método funciona bien, pero a veces fracasa de manera espectacular. En cualquier caso, la IA generativa no tiene ninguna comprensión de la situación.
Por lo tanto, es preciso animar a los estudiantes a que tengan en cuenta los resultados de la IA por lo que valen. Sin duda estos sistemas pueden generar informaciones que parecen útiles, pero esas "informaciones" no han de considerarse fiables. En vez de anular el valor del aprendizaje, los alumnos deben aprender a evaluar esos productos de manera crítica.
Pero, incluso cuando los resultados son correctos, ¿qué repercusión tiene el uso de la IA generativa en el aprendizaje de los alumnos? Recientemente, se han publicado varios artículos científicos sobre el impacto del ChatGPT en el aprendizaje.
En esos trabajos se llega a la conclusión de que el uso de esta herramienta de la IA generativa mejora los resultados académicos. Sin embargo, sus conclusiones son puestas en tela de juicio. Para el neurólogo Jared Cooney Horvath de la Universidad de Melbourne (Australia), ninguno de estos informes respeta las normas en materia de selección de estudios, rigor metodológico o integridad estadística. Dicho de otro modo, a pesar de sus conclusiones positivas, estas síntesis de estudios científicos no aportan ninguna prueba fiable de que la IA generativa ejerza un efecto positivo sobre los resultados académicos. Sería, por tanto, más justo afirmar que no tienen ningún impacto en el aprendizaje.
Atrofia cognitiva
Pero hay algo peor. Un estudio realizado en Turquía en 2024 también examinó la repercusión del ChatGPT en los resultados escolares. Casi mil estudiantes se dividieron en dos grupos: uno con acceso al ChatGPT y otro sin acceso a ninguna tecnología. Los investigadores comprobaron que el acceso al ChatGPT mejoraba efectivamente los resultados, pero sólo mientras los estudiantes accedían a la herramienta. Una vez que se les retiraba el acceso, sus resultados empeoraban en comparación con los de los alumnos que no lo habían utilizado. Dicho de otro modo, los investigadores llegaron a la conclusión de que aunque la IA generativa puede servir de "muletilla cognitiva", a largo plazo termina por poner en peligro el aprendizaje. Los estudiantes desarrollan una dependencia excesiva de esa herramienta y su repercusión real en el aprendizaje resulta negativa.
"El empleo de la IA podría provocar la disminución de la memoria a largo plazo y el debilitamiento de la capacidad cognitiva"
Esta conclusión quedó respaldada por un estudio realizado en Estados Unidos por el Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT), que en 2025 utilizó un aparato de electroencefalografía para registrar la actividad cerebral de los participantes también divididos en dos grupos. Los investigadores llegaron a la conclusión de que los participantes que usaron la IA generativa "obtuvieron resultados inferiores en todos los niveles a los de sus homólogos del grupo que carecía de acceso a la IA". En otras palabras, el uso de esa tecnología podría generar algo que fue calificado de "atrofia cognitiva", que entraña la disminución de la memoria a largo plazo y el debilitamiento de la capacidad de aprendizaje.
Espíritu crítico
El uso de esta herramienta en el ámbito de la educación plantea muchos otros interrogantes, tales como la comercialización indirecta de lo que para muchos es un bien público, en la medida en que la enseñanza es cada vez más dependiente de tecnologías privadas, la repercusión medioambiental de los sistemas de IA (especialmente las necesidades crecientes en materia de agua y energía), y la inversión de la brecha digital (porque los alumnos de orígenes socioeconómicos privilegiados siguen teniendo acceso a los docentes, mientras los más desfavorecidos dependen cada vez más de los ordenadores).
En conclusión, mientras la IA generativa gana terreno día tras día, yo defiendo con firmeza que todavía tenemos necesidad de aprender. Todos, y no solo los estudiantes, hemos de aceptar el duro trabajo que representa el aprendizaje. Hemos de realizar un esfuerzo para comprender los límites profundos de la IA y tener en cuenta sus efectos más amplios en los derechos humanos, la justicia social y el medio ambiente y, sobre todo, hemos de aprender a utilizar el pensamiento crítico.
WAYNE HOLMES
Profesor de estudios críticos sobre inteligencia artificial y educación en el University College London (Reino Unido) y titular de la Cátedra UNESCO de ética de la inteligencia artificial y educación.
(*) Artículo originalmente publicado en El Correo de la Unesco, abril 2026. Reproducido con autorización expresa de los editores.