A SEGUNDA VISTA (*) La noche en que me entretuve discurriendo sobre las bondades de la coma

Daniel Feldman

Contenido de la edición 21.12.2025

 

Dicen que la coma, el signo de puntuación, encarna la tensión entre la lógica gramatical y la cadencia del habla.

"La puntuación es la gramática del silencio", afirma el lingüista irlandés David Crystal, autor de decenas de estudios y libros, hombre de fe católica, que ha incursionado también en la poesía y artículos devocionarios.

Con más de dos mil años de historia y a pesar de su diminuto tamaño, "es un formidable dispositivo cultural que no solo signa la transición de lo prosódico a lo sintáctico-semántico (de una cultura oral a otras escritural), sino que pone en evidencia la complejidad del pensamiento escrito", según da cuenta el también lingüista y escritor venezolano Jerónimo Alayón en su Breve historia de la coma.

Originaria del período alejandrino de Grecia, entre los siglos III y II antes de nuestra era, fue atravesando diferentes formas, hasta que, entre fines del siglo XV y principios del XVI, el editor veneciano Aldo Manucio creó en su imprenta la coma tipográfica, tal y como la conocemos hoy.

No olvidemos que hasta el siglo VIII se utilizaba la scriptio continua, sin espacio entre las palabras, lo que dificultaba la lectura, ya de por sí limitada a muy, pero muy pocos.

Antes de Manucio, la comma, nos dice Alayón, fue evolucionando a una suerte de raya oblicua (/), denominada en latín vírgula suspensiva, cuyo uso era marcar una pausa prosódica, no pocas veces asociada a las pausas de la liturgia o el canto coral.

Dejemos de lado la historia. Hoy, ya normada por las respectivas academias, la coma tiene el estatus de signo eminentemente gramatical.

Tantas centurias de historia, de evolución, idas y vueltas, no es óbice para que escribas contemporáneos hagan abuso y mal uso de ella, creyendo que una buena regla es incluirla cada tantas palabras, o simplemente abstrayéndose de su existencia.

Pero hoy me quiero referir a algo que me sucedió -sé exactamente la fecha- el 17 de octubre pasado en La Paz (Colonia Piamontesa), en el departamento de Colonia.

Resulta que en esa fecha se conmemora el aniversario de la fundación del pueblo, allá por 1858. Todos los años, en esa jornada festiva, donde se pueden apreciar artesanías locales, degustar deliciosos waffles caseros, maravillarse ante algunos paisajes de esta localidad de algo más de 600 habitantes, la jornada culmina con la denominada "Marcha de las antorchas".

Sobre las 20, las luces del pueblo se apagan y los habitantes (y muchos visitantes) se van encolumnando para recorrer sus calles, y finalizar con una gran pira con todas las teas. Me dijeron alguna vez que el origen de esto es para recordar la forma en que los valdenses, perseguidos y semiaislados en los valles del Piamonte, se comunicaban, a través de grandes fogatas.

Vaya un a saber si es cierto; lo que sí es el carácter sobrecogedor de la experiencia y, a pesar de no tener nada de piamontés, cuando puedo, el 17 de octubre es cita obligada.

Quien más quien menos, conoce al poeta español Antonio Machado. Podría aventurarme a decir que muchos de los integrantes de mi generación aprendimos a quererlo y disfrutarlo a través del catalán Joan Manuel Serrat, que puso música a sus versos y los llevó a diestra y siniestra.

Volvamos entonces a la coma, que ya bastante hemos viajado, en la geografía y en el tiempo.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Eso nos decía Machado en su poema "Retrato".

Confieso que desde adolescente siempre me indujo a un profundo debate interior, ya que me dedicaba a jugar con una coma, que sin piedad introducía en el texto de Machado.

... quien habla, solo espera hablar a Dios un día...

Me decía por un lado. Pero mi otro Yo entraba raudo en la conversación e imponía su visión:

... quien habla solo, espera hablar a Dios un día... abonado por la estrofa siguiente que refiere al soliloquio.

La Paz tiene dos iglesias: una valdense, ampliamente mayoritaria, y otra católica. Por alguna razón hice mención, al comienzo, de la condición de fiel católico de David Crystal, capaz que como algo que uniera principio y fin de esta historia.

Justamente en el templo católico es que registré la imagen, y apenas la percibí retornó a mí el dilema adolescente:

¿Será que quien habla, solo espera poder hablar a Dios un día? ¿O será que aquel que habla solo, lo que espera es hablar a Dios un día?

La duda instalada me fue carcomiendo durante el viaje de retorno a Montevideo, y ya casi culminado, otra pregunta me asaltó, que invalidaría cualquier ubicación de la coma: ¿Y si Dios no existe?

 

DANIEL FELDMAN

Director de CONTRATAPA

Imagen registrada el 17/10/2025 en La Paz (C.P.), departamento de Colonia, Uruguay.

 

(*) A SEGUNDA VISTA

La primera... la primera vista es la que nos convoca.

La segunda nos embelesa, nos llama a la reflexión, nos causa gracia.


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2025-12-21T21:00:00