Cartas sobre la mesa

Alejandro Carreño T.

Contenido de la edición 22.04.2024

 

Mi señora, que me ha drogado con libros desde que nos conocimos; me dio la última dosis, de momento, el día de mi cumpleaños hace menos de un mes (escribo este texto a fines de febrero): Julio Cortázar / Carlos Fuentes / Gabriel García Márquez /Mario Vargas Llosa. Las cartas del Boom (Alfaguara, Barcelona, 2023).

Un libro ameno y voluminoso. Generoso en su investigación minuciosa sobre estos cuatro nombres indispensables de nuestra Literatura Latinoamericana y sus obras, que desnudan su alma de escritor a través de estas cartas. Importante, por lo mismo, son las notas que complementan el contenido de las cartas, enriqueciendo, tanto para el estudioso de nuestra literatura como para el lector común, el conocimiento del ser y hacer de estos escritores y su entorno político, social y cultural en que se encuentran inmersos: "Las notas procuran dar contexto a la información que ofrecen las cartas sin valorar las opiniones contenidas en ellas [...] Minimizamos el aparato referencial para aligerar la lectura", se nos dice en "Nota a la edición".

Son cartas esencialmente literarias, aunque algunas se sumergen en la política, y otras desarrollan lo político y literario, como la de García Márquez a Vargas Llosa escrita desde Barcelona el 12 de noviembre de 1968: "El texto, en efecto, me parece excelente. Fidel contestará con la mayor fineza que le sea posible, que lo que él haga con sus escritores y artistas es asunto suyo, y que por tanto podemos irnos a la mierda". La relación que tiene el grupo con Fidel Castro y la Revolución Cubana, es uno de los temas, de cuatro, que los editores reconocen como un nexo común que une a estos escritores, por lo menos durante los primeros años de convivencia entre ellos: "Su común vocación por la política se tradujo en su identificación por el socialismo y la Revolución Cubana. El triunfo de esta, en los albores de la trayectoria literaria de los cuatro autores, los marcó profundamente" (Introducción). Con el correr de los años, este fervor terminaría por desaparecer o disminuir y el socialismo sería objeto de críticas, como las que el propio García Márquez expone en la carta que comentamos:

"Otra cosa son las ediciones en los países socialistas. Con el chantaje de que ellos son muy pobres y nosotros somos sus amigos, nos están ordeñando. Rumania solo paga 80 dólares de derecho después de que se ha agotado la edición, y reservándose el derecho de descontar de esos 80 dólares el valor de las pérdidas si la edición no se vende". Pero, al mismo tiempo defiende mordazmente la obra literaria realizada por el llamado Boom, cuestionada ácidamente por la escritora y crítica de arte Marta Traba, esposa del crítico uruguayo Ángel Rama: "La desacralización del Boom me parece saludable. Ya sabes que ese ha sido siempre mi punto de vista, aunque comprendo que Marta Traba no lo haya hecho con intenciones sanitarias sino simplemente porque tiene necesidad de comer, y su último recurso es hacer trottoir literario". Y el trottoir de Traba, muerta trágicamente junto a su marido en un accidente aéreo en España, es demoledor para estos representantes del Boom y Guillermo Cabrera Infante, el autor de la afamada Tres tristes tigres:

"Mi reparo es ideológico, a través del comportamiento tanto político como estético de las cinco figuras estelares del Boom [los cuatro autores de este libro y Cabrera Infante] Mi impresión es que, al lanzarlos a promociones similares a las de cualquier producto de la sociedad de consumo, entregarles el "estrellato", los premios, las invitaciones a universidades norteamericanas, las revistas financiadas por la CIA, etc., se está operando un proceso muy claro de neutralización de la agresividad, el inconformismo, el "gran rechazo", que debe mantenerse sin atenuantes en el escritor o artista" (nota 415 de los editores). Presentamos la cita en toda su extensión porque deja de manifiesto cómo, diez años después de la aparición del Boom y su relación con el socialismo y la Revolución Cubana, surgen voces disidentes que cuestionan lo que podría entenderse como el servilismo editorial, académico y de los medios a estas cuatro figuras de nuestra Literatura Latinoamericana. El mismo Cabrera Infante, amado por Fidel, termina exiliado y nacionalizado británico.

Julio Cortázar fue un gran escribidor de cartas que hizo de su correspondencia verdaderos diseños ensayísticos. Un lector minucioso de las obras literarias de sus colegas, y un crítico por sobre la relación de amistad y sana convivencia en el complejo mundo de las letras: "[...] en mi recuerdo Aura se ha adentrado más que Artemio Cruz. Tengo suficiente objetividad para sospechar que mi vocación de cuentista influye en esa preferencia; sin embargo, La región más transparente sigue siendo para mí un recuerdo imborrable", le escribe a Carlos Fuentes, desde París, el 29 de octubre de 1962. Por cierto, se refiere a La muerte de Artemio Cruz (1962). En unas cuantas líneas el autor de "La noche boca arriba", alude a tres textos esenciales del novelista mexicano, de los que entrega algunas consideraciones interpretativas y comparativas, notables, sobre todo si se considera que una carta no es, precisamente, un ensayo literario ni mucho menos. Pero, al parecer, Cortázar quería y necesitaba decirlo, que sus cartas eran más que unas simples misivas al amigo y escritor:

"Todo el libro está lleno de momentos magníficos; no sé por qué la novela en sí no me ha conmovido. ¿Te noto demasiado atento a los problemas técnicos? Hay algo de gran laboratorio en tu libro; buscas (y muchas veces encuentras, ensayas formas, enfoques, ataques. La técnica de los pasajes en primera y en segunda persona, por ejemplo, se me antojó a veces demasiado mecánica, con una repetición cada tantas páginas que le quitaba fuerza". Tampoco le gustó el personaje Artemio Cruz: "Pero en el fondo lo que quizá no me atrapó plenamente es la imagen misma de Artemio Cruz. La historia de un advenedizo (pienso en A Modern Hero e incluso en Citizen Kane salvadas todas las distancias y sobre todo las intenciones) no consigue interesarme por sí misma". Pero, sobre Aura, también publicada en 1962, Cortázar, lector y crítico, tiene elogiosas consideraciones que trascienden lo puramente literario, y se apoderan de la propia persona: "De Aura ¿qué te voy a decir con palabras? Es tan maravillosa que cuando Aurora y yo acabamos de leerlo, la misma noche, nos quedamos mirándonos y no se nos ocurrían nada más que palabras vacías [...] Hacía muchos años que no leía un relato tan hermoso".  Sin duda Aura los impresionó, a él y a su primera esposa Aurora Bernárdez.

Cortázar es por definición un dialéctico, un maestro de la discusión, del diálogo y la argumentación. Sorprende, por eso, que la novela lo haya dejado sin nada que decir "con palabras", cuando su relación con las palabras y con la escritura "no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas" (lo tomamos de Wikipedia que, a su vez lo recoge del libro de Mario Goloboff, Julio Cortázar: la biografía, 1998, editado por Seix Barral). Una realidad que fue "desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha, al mismo tiempo". La dialéctica cortazariana aparece plena en esta carta en que comenta, también, otra de las novelas de Fuentes, Las buenas conciencias (1959): "[...] lo que sí quiero decirte ahora, justamente con relación a Las buenas conciencias, es que en Artemio Cruz has vuelto a encontrar ese tono que me parece magnífico, y que tanto me entusiasmó en La región, es un tono de poeta, de hombre abierto a todos los cuadrantes, poroso a la realidad de arriba abajo, y que en Las buenas conciencias no se sentía casi en ningún momento".

De Mario Vargas Llosa, Las cartas del Boom presenta once, de la cuales diez dirigidas a Carlos Fuente y una a Julio Cortázar, escrita desde Barcelona el 5 de mayo de 1972, que es un documento histórico pues, como dicen los editores: "Esta es la única carta de MVLL a JC encontrada. El original está en los papeles de MVLL en Princeton. Se trata de una hoja mecanografiada original, no una copia carbón, y tiene correcciones a mano. Estos elementos hacen preguntarse si fue finalmente enviada". Enviada o no, la comentamos ahora por el valor político-literario que tiene, como respuesta a la enviada desde París por Julio Cortázar el 29 de abril de 1972. Mario Vargas Llosa lamenta que Cortázar se haya retirado como colaborador de la revista cubana Libre, precisamente en el momento en que él dirigiría el cuarto número de la revista: "Con la misma sinceridad e idéntico cariño déjame decirte que tu decisión me entristece, porque contigo los lectores de la revista pierden a un colaborador de la más alta categoría [...] Pienso que la equivocación cubana respecto de Libre, que tú y yo tratamos de aclarar en La Habana en enero del año pasado, y a la que la revista, en lo que lleva de vida, no ha dado el menor fundamento, va a tener con tu partida un respaldo tan importante, como, perdóname, injusto".

Algo más de diez años del estallido de la Revolución Cubana, el régimen de Fidel comienza a ser cuestionado por intelectuales tanto dentro como fuera del país, por su adoctrinamiento ideológico en el mundo de la cultura. Una de estas figuras fue el poeta cubano Heberto Padilla, que criticó severamente el régimen por lo que fue detenido y encarcelado el 20 de marzo de 1971, por su obra Fuera de juego, donde describe la historia como un círculo y no como una continuidad de un proceso. La propia Unión de Artistas y Escritores de Cuba lo cuestiona duramente: "Ha expresado su actitud antihistórica al exaltar el individualismo frente a las demandas colectivas de un país en pleno desarrollo histórico y al exponer también su idea del tiempo como un hecho recurrente. Círculo repetido en lugar de una línea ascendente" (citamos por el ensayo de Luis M. Quesada, Luis M., "Fuera del juego: A Poet's Appraisal of the Cuban Revolution". Latin American Literary Review 3. "La cosa es tristemente simple", le escribe Julio Cortázar a Mario Vargas Llosa, "después del episodio de Padilla y la segunda carta a Fidel". Y a renglón seguido: "Tu actitud y la mía tomaron sus rumbos propios, y aunque oficialmente existe entre los cubanos y yo una ruptura y un gran silencio, tengo pruebas que para mí cuentan mucho de la reacción de los mejores de allá frente a mi decisión de no firmar la segunda carta y explicarme en un texto que has de conocer". El texto aludido es Policrítica.

Ignoro si la ausencia de Julio Cortázar influyó en el fin de Libre, pero lo cierto es que ese cuarto número a cargo de Mario Vargas Llosa, fue el último de su corta vida. Sorprende esta única carta de Vargas Llosa a Cortázar, no solo por lo anecdótico que puede resultar el hecho de que "nunca haya sido enviada", sino también por los caminos diversos que comienzan a vislumbrarse respecto de ellos en relación con la Revolución Cubana. Del mismo modo sorprende que Cartas del Boom no registre ninguna carta del autor de Pantaleón y las visitadoras a García Márquez, no obstante las varias cartas de este a Vargas Llosa registradas en el libro que comentamos. De las cartas que el autor peruano dirige a Carlos Fuentes, me ha parecido interesante para el lector la respuesta a otra del autor mexicano escrita en México el 29 de febrero de 1964, porque se establece entre ellos un diálogo esencialmente literario en que expresan sus sentimientos y reflexiones en torno a las obras de cada uno. La carta respuesta de Vargas Llosa datada en París el 7 de abril de 1964 se inicia con una emotiva declaración por la acogida que tuvo en Fuentes su novela La ciudad y los perros: "Me ha emocionado profundamente todo lo que dices de mi novela, y vez que me siento deprimido la releo como quien se toma un estimulante". Efectivamente, a Fuentes la novela lo impactó: "Siento envidia, de la buena, ante una obra maestra que, de un golpe, lleva la novela latinoamericana a un nuevo nivel, y resuelve más de un problema tradicional de nuestra narrativa".

Y sitúa La ciudad y los perros en la línea consagratoria de otras novelas latinoamericanas que, a su juicio, hacen que el futuro de la novela se encuentra en América Latina "donde todo está por decirse, por nombrarse y, donde, por fortuna, la literatura surge de una necesidad y no por un arreglo comercial o de una imposición política como a menudo sucede en otras partes". Tiene razón Carlos Fuentes pues, las novelas que menciona representan, evidentemente, hitos de nuestra narrativa latinoamericana más allá de otras consideraciones que no sean las literarias: "Ahora, al leer una detrás de la otra El siglo de las luces, Rayuela, El coronel no tiene quien le escriba y La ciudad y los perros, me siento confirmado en este optimismo: creo que no hubo el año pasado otra comunidad cultural que produjera cuatro novelas de ese rango". EL coronel no tiene quien le escriba vivió sus peripecias antes de su consagración definitiva. Había sido publicada por Era, México, en 1963, pero en 1958 apareció en la revista Mito (mayo-junio), sin que tuviera gran difusión y en 1961, en Medellín, por Aguirre Editor. Pero su conexión directa y anecdótica con los escritores del Boom se relaciona con la traducción francesa de 1963 (París, Julliard), pues es en esta traducción que Mario Vargas Llosa lee por primera vez a Gabriel García Márquez.

En su respuesta el escritor peruano comparte la mirada que tiene Carlos Fuentes sobre la relevancia de la novela latinoamericana: "Yo también creo que el foco neurálgico de la narración está en América Latina, y que ahí tienen que nacer la energía, los mitos, los procedimientos capaces del salvar el género, que aquí en Europa todos parecen decididos a liquidar de un modo o de otro". El juicio que tiene sobre la novela europea, y sobre todo francesa es francamente demoledor: "De veras consterna leer las novelas francesas contemporáneas [...] No tiene nada de raro que el autor más leído, según una última encuesta, sea Hervé Bazin, un mediocre imitador de Balzac [...] Decididamente no, de ninguna manera podemos admitir que estos babosos hagan con la novela lo que hicieron con la pintura". Le comenta, además, sobre su novela La casa verde, que se publicaría dos años después en Barcelona en 1966, por Seix Barral: "Yo he estado trabajando todo este tiempo a marcha forzada, tratando de reducir un poco la novela que he terminado. Tiene una dimensión exagerada para su tema y todavía no estoy nada contento con ella". Y a propósito de la invasión del ejército peruano a la Amazonía, le comenta que la "realidad peruana es demagógica, irreal", que hay que "buscar formas sumamente complejas" para no caer en el "esquematismo o el panfleto" en la narración.

Si se hace un seguimiento minucioso de las cartas de estos cuatro notables escritores, se encontraría un verdadero manual teórico sobre la novela y sus formas técnicas y narrativas. Seguramente sin proponérselo, cada uno de ellos reflexiona sobre el arte novelesco desde su propia experiencia de escritor y desde la experiencia de sus colegas y amigos. Son severos en sus juicios sobre sus propias obras y las ajenas, pero sobre ellos construyen su visión de lo que entienden por escritura narrativa. No por nada los cuatro son notables ensayistas y proyectan su talento crítico y analítico en las cartas que intercambiaron en los años, tal vez, más prolíferos de la Literatura Hispanoamericana, no solo por el número de sus obras, sino, y lo más esencial, por la calidad de sus obras reconocidas en el mundo literario y no literario como lo demuestran sus traducciones y ediciones inagotables.

Cartas del Boom es un desfile de nombres, fechas, obras y acontecimientos que es literatura, historia y anécdotas de una época gloriosa para América Latina. Un grupo de cuatro, pero que representan a muchísimos más y que, desde sus diferencias y cercanías construyeron una verdadera identidad latinoamericana en torno a su literatura.

 

ALEJANDRO CARREÑO T.

Profesor de Castellano, magíster en Comunicación y Semiótica,

doctor en Comunicación. Columnista y ensayista (Chile) 

 

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2024-04-22T14:13:00