Estos días han resultado bellamente ajetreados

Lilián Hirigoyen

Contenido de la edición 19.07.2026

 

Estos días han resultado bellamente ajetreados, tanto desde el punto de vista literario como afectivo.

Del miércoles 17 al sábado 20 de junio tuvo lugar en Rivera y en Sant'Ana do Livramento el 8° Festival Livrera (simbiosis de Livramento y Rivera) organizado por Abrelabios gestión cultural, donde, junto a otros poetas, fui invitada a participar de una movida impresionante.

Estuvimos por el Centro Cultural Artigas con la conferencia de prensa; en el Consulado General de Brasil presentando un poemario de la escritora argentina Stella Maris Ponce y las Poetografías que Daniel Feldman y yo llevamos adelante; en la Escuela Técnica Superior de Rivera; en la Cárcel de Cerro Carancho; en la escuela 129 de Cerro del Marco (de la que más abajo hago un capítulo aparte); en el Centro Regional de Profesores del Norte; en la inauguración oficial del Festival realizada en el Museo de Artes Plásticas, donde el grupo Música para Búhos nos deleitó con sus canciones sobre letras de varios poetas, entre ellos nuestra Circe Maia.

Tampoco faltó lo académico, en el Campus Livramento del Instituto Federal Sul-río-grandense, ni -ya en la tardecita y en la Sala Cultural de Sant´Ana do Livramento-, el canto de Cacho Labandera y el de Iván Mederos; el despliegue poético-musical de Constanza Liebe y Colomba Biasco, además del increíble jam al que nos acostumbraron Gabriel, Gonzalo y Roque, integrantes de Música para Búhos, donde improvisamos la lectura mientras el grupo acompañaba con su música. Por si fuera poco, ese día a nuestra poética manera y desde Sant´Ana do Livramento, debimos competir con el partido que por el Mundial de fútbol disputaban Brasil y Haití.

El sábado disfrutamos de un paseo fuera de serie en el tren del Pampa y degustamos vinos exquisitos en la bodega a la que arribamos.

La clausura del Festival fue a pura música y literatura en la terminal de ómnibus de la ciudad.

Cabe destacar también que Livrera va por la tercera edición del concurso de poemas para jóvenes y adolescentes.

Grosso modo, esta fue la movida en lo que a lo literario se refiere.

Pero no solo de literatura vivimos... Pasamos esos días en el apartamento que el Consulado cedió a Abrelabios para los invitados a las jornadas, y lo compartimos con el poeta chileno Jesús Sepúlveda y su compañera. No fueron pocas las charlas entrañables que mantuvimos en las tardes libres.

Disfruté momentos donde la diversión no estuvo ausente: hice amigos, entre ellos Michel Croz; intercambiamos libros; reímos al unísono; hubo frío pero mucho calor humano; comimos un asado tardío pero muy rico; almorzamos juntos; paseamos en tren y muchas cosas más. Javier Cardozo y Zenia García, los anfitriones insustituibles, hicieron de las veladas una maravilla, siempre sonriendo, siempre aportando, siempre atentos al mínimo detalle.

Guardo un capítulo aparte para la escuela 129 de Cerro del Marco, donde un grupo increíblemente cálido de niños, junto con su directora, me recibieron con los brazos abiertos. Compartí con ellos lectura, poemas -uno escrito para mi nieta, otro escrito cuando tenía 12 años-, les recité en francés un texto de Alfonso de Lamartine, entre las situaciones más emotivas. Pero por sobre todas las cosas, rescato la belleza de esas criaturas, la forma única que tienen de compartir y escuchar, la fuerza imponente de sus risas y de su, a veces, tímida dulzura. Sentada frente al grupo, con las piernas cruzadas, mirándolos, me acordé de Celaya y su "arma cargada de futuro", y como no me gustan las armas -ni aun usadas de forma metafórica- me quedo con una imagen única: la de la mirada de esos niños, de la potente fuerza de sus ojos y la sensación intensa que todavía me abriga.

Me fui de la escuela sintiendo que la poesía está en ellos, es ellos, porque se conectan con el mundo desde otra esquina, y esa esquina poderosa y frágil a la vez, los sostiene para ver lo que nosotros olvidamos.

Y llegué a Montevideo con la sensación cada vez más fuerte de que para mí la poesía no es un arma, es una forma de pararse en una esquina intangible, una forma de mirar al mundo desde esa esquina como solo un niño puede hacerlo, de traducir el mundo desde ahí, como solo un niño puede. Al igual que la mirada de esos niños, la Poesía  imponente, poderosa, inabarcable pero increíblemente vulnerable, nunca se cansa de demostrarnos una y otra vez que siempre da en el blanco.

¡Gracias Zenia, Javier, Jesús, Stella Maris, Michel, Música para Búhos, Graciela, Constanza, Colomba, Florencia, Marcela, Iván y tantos amigos con los que viví días espléndidos! ¡Salud Livrera!

 

LILIÁN HIRIGOYEN

Escritora, jurado en el área Letras del Premio Morosoli,

expresidenta de la Casa de los Escritores del Uruguay,

secretaria de Redacción de CONTRATAPA 


 

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