FUI + SOY + SERÉ

Diana Mines

Contenido de la edición 28.07.2026

 

El año pasado se presentó el libro "Historias descabelladas", un trabajo compuesto por cuarenta relatos, donde "mujeres pertenecientes a diferentes generaciones nos traen recuerdos, nos asombran, nos emocionan", al decir de la compiladora Cristina Lampariello.

En CONTRATAPA venimos presentando regularmente todos los textos. A continuación, el de Diana Mines (y las fotos que lo acompañan).

 

FUI + SOY + SERÉ

Diana (1948)

Pensando en relatar grandes momentos de cambios en mi cabello, recuerdo dos grandes y claros impulsos que tuve: uno de niña cuando pedí que me cortaran las dos trenzas que mi madre me hacía (cansada de sufrir el desenredo de mi pelo largo tras cada lavado) y otro cuando tenía 33 o 34 años y decidí usar la «permanente».

Pero cuando empecé a repasar el tema con más cuidado, recordé otros cambios en diferentes épocas: más corto, más largo, con vincha, con cerquillo...

Una vez liberada de las trenzas con moñitas, con las que mi madre gustaba verme y mostrarme a los demás, los otros cambios fueron búsquedas de cómo quería hacerlo yo.

Me llevó más tiempo ese proceso con la ropa y el calzado: ¡salir de las polleras con las que me enfriaba la vejiga y los cuatro centímetros de taco en los zapatos «de señorita»!

El día que volví de compras con un pantalón vaquero y championes... ¡ardió Troya en casa! Fue por mediados de los años 60.

En todos esos cambios iba arrimándome a la practicidad acorde a la gimnasia y a los deportes que me encantaba hacer (vóleibol, natación, bicicleta cuando pude comprarme una). Ese era mi estilo favorito y el pelo corto me permitía peinarme con los dedos y tener la frente despejada. Y todo fue también parecido a mis variables vocacionales, siempre buscando lo que me gustara o identificara más.

Pero algo debe haber pasado cuando volví de mis estudios en San Francisco, porque de pronto me acoplé a la moda del pelo «afro», las camisas y polleras importadas de India y las sandalias rústicas. No sé bien por qué fue. El caso es que llevé esos rulos de peluquería durante más de tres años, desde 1981 hasta mediados del 85.

Pero tan bruscamente como adopté ese «look», lo abandoné y volví al pelo corto, las poleras de cuello volcado, las camisas deportivas y los pantalones.

Me tocó la difícil decisión de la mayoría de las mujeres cuando las canas nos pueblan el cabello (y a mí me sucedió pronto): ¿teñirlas o dejar que avanzaran? Hasta hoy sigo manteniendo el pelo blanco, aunque a veces me muerdo por darle un poco de castaño, aunque sea para no escuchar más el falsamente cariñoso apelativo: abuela.

Diana Mines - Autorretrato con trenza de niña/1988)

Imagen de portada: Cristina Lampariello


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2026-07-28T19:57:00