Información de calidad: un bien público en peligro
Guy Berger
Contenido de la edición 29.07.2026
En un mundo en el que cada día es más difícil distinguir entre noticias fiables y noticias falsas, se impone la urgencia de tomar medidas para defender el derecho a una información veraz.
El concepto "integridad de la información" suscita gran interés, y con razón. Este concepto surgió con el movimiento mundial a favor de un entorno informativo de calidad en 1991. Todo comenzó en una reunión de la UNESCO en la que participaron periodistas africanos en la recién independizada Namibia. Los profesionales de los medios de comunicación presentes redactaron entonces la Declaración de Windhoek sobre la promoción de una prensa africana independiente y pluralista, que fue posteriormente aprobada por la Conferencia General de la UNESCO.
Los redactores que participaron en esta reunión - dos de los cuales habían sido liberados de prisión para la ocasión - eran muy conscientes de lo que ocurre cuando se priva al público de una información veraz, y de cómo la censura socava la capacidad de una democracia para resolver los conflictos de forma pacífica. Habían visto de cerca cómo las decisiones nacionales adoptadas sobre la base de informaciones erróneas perjudicaban el desarrollo nacional. Su Declaración dio lugar a una importante norma internacional que reconoce la necesidad de preservar la libertad de prensa.
Captación de audiencias
La existencia de un periodismo libre y profesional es un elemento esencial del ecosistema de la comunicación, ya que permite revelar la corrupción, denunciar violaciones de los derechos humanos, votar de forma informada, alertar sobre el cambio climático o luchar contra la discriminación. Por este motivo, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha reconocido el 3 de mayo como el Día Mundial de la Libertad de Prensa.
La contribución del periodismo a la sociedad es vital, particularmente en el contexto actual, en el que la información de calidad se ve eclipsada por un volumen cada vez mayor de entretenimiento, contenidos comerciales y esas "plagas" que son la desinformación, la difusión accidental de información falsa y la publicación de información incompleta o manipulada.
Sabemos lo que está sucediendo. Los gigantes tecnológicos han acaparado audiencias masivas y han absorbido una gran parte de los ingresos publicitarios, cada vez menos preocupados por la integridad de la información. Los medios de comunicación, por su parte, han visto mermados sus recursos, y los algoritmos reducen la visibilidad de sus contenidos en las redes sociales. Las empresas de inteligencia artificial utilizan el trabajo de los periodistas sin darles crédito ni remunerarlos. La crisis que se avecina es el resultado de esta situación.
Contenidos engañosos
En este contexto, treinta años más tarde, en 2021, se celebró la segunda reunión de la UNESCO en Namibia. De ella surgió la Declaración de Windhoek+30, que hizo sonar las alarmas y proclamó la información como un bien público.
Esa noción de bien público hace referencia a la información veraz, diametralmente opuesta a las mentiras y a otros contenidos engañosos que proliferan. La información fiable contrasta con las noticias falsas que violan el derecho a la dignidad, la intimidad y la salud pública. También combate las falsedades relacionadas con estafas, y particularmente las que alimentan el odio, la intimidación, la provocación y la guerra.
Sin embargo, la integridad de la información se encuentra hoy en día gravemente amenazada. El Informe de la UNESCO sobre las tendencias mundiales en libertad de expresión y desarrollo de los medios, publicado en 2025, revela que muchos medios de comunicación están sometidos a intereses particulares, y que algunos dirigentes autoritarios reprimen a periodistas y a otros agentes de la verdad.
Las lenguas y los sistemas de conocimiento no dominantes quedan totalmente marginados
La inteligencia artificial generativa acentúa aún más estos fenómenos. Basada en probabilidades que recurren a grandes volúmenes de datos, genera contenidos verosímiles en forma de texto, imagen y audio que favorecen la incertidumbre. Aunque las interfaces humanas artificiales están diseñadas para parecer muy convincentes, la exactitud y la fiabilidad de sus resultados no están garantizadas. Cada vez resulta más difícil distinguir los datos de calidad del resto. Además, las lenguas y los sistemas de conocimiento no dominantes resultan totalmente marginados.
Para agravar aún más la situación, los gobiernos y los influyentes "broligarcas" al frente de las empresas tecnológicas orientan la información generada por la IA al servicio de determinadas ideologías. Esta opacidad informativa supone nada menos que un desafío existencial para la humanidad, ya que compromete la capacidad de decisión de cada individuo en una sociedad global en la que ya nadie sabe distinguir realmente lo verdadero de lo falso.
Transparencia
Ante estos retos, ¿es posible seguir actuando para defender una información íntegra, asequible y accesible? El informe de políticas sobre la integridad de la información en las plataformas digitales, publicado en junio de 2023 por el secretario general de la ONU, António Guterres, aboga por políticas que favorezcan un periodismo independiente, libre y pluralista. Exige transparencia a las empresas tecnológicas que influyen de manera significativa en el deterioro de la integridad de la información. Asimismo, las resoluciones de las Naciones Unidas instan a buscar soluciones que refuercen la resiliencia de las sociedades mediante la educación en materia de medios de comunicación y cooperación internacional.
La aplicación de estas directrices debe ir acompañada de un respeto total por la libertad de expresión y de un apoyo al periodismo frente a intereses políticos y económicos. Las plataformas deben mejorar la moderación de los contenidos en las lenguas de sus usuarios y reforzar sus esfuerzos para garantizar una verificación independiente de los hechos.
Los contenidos generados por la IA tendrían que estar claramente identificados
Los contenidos generados por la IA tendrían que estar claramente identificados y, para ello, las empresas tecnológicas deben permitir que los investigadores y los reguladores tengan acceso a sus datos. Además, los algoritmos deberían dar prioridad a la información de calidad, en lugar de recomendar cualquier "contenido mediocre" por el simple hecho de poder captar la atención.
La falta de acción no es una opción. La información fiable no es un lujo. Considerar la información un bien público mundial, aporta beneficios reales. A través de los años, los periodistas se han movilizado para defender la causa de una información íntegra. Hoy nos toca a nosotros adoptar una postura. La integridad humana pasa por la integridad de la información.

GUY BERGER
Profesor emérito especializado en política de los medios e Internet, fue director de la División de Libertad de Expresión y Desarrollo de los Medios de Comunicación de la UNESCO.
Imagen: Unesco/Till Noon
(*) Publicado originalmente en "El Correo de la Unesco", julio de 2026. Reproducido con autorización de los editores