Las andanzas de un futuro pontífice y un Papa en suelo oriental

Alejandro Giménez Rodríguez

Contenido de la edición 25.10.2026

 

La próxima llegada del Papa León XIV a nuestra tierra es una buena excusa para recordar visitas de religiosos ilustres, tanto en el siglo XIX, en el año de la Declaratoria de la Independencia, como hace casi cuatro décadas, cuando la nación retomaba su vida democrática.

Corría diciembre de 1824 cuando tres sacerdotes desembarcaban en Montevideo. Habían estado de paso en la hoy capital oriental casi un año antes de camino a Buenos Aires y Santiago de Chile, en donde no encontraron un clima favorable para establecerse, dado que tanto Argentina como la nación trasandina se habían independizado y no reconocían a Juan Muzi, uno de esos enviados por el Papa Pío VII, como vicario apostólico, acompañado por sus colegas José Sallusti y Juan María Mastai Ferreti, éste último protagonista de esta historia.

Algo más que el inspirador del "Pío Nono"

Nacido en 1792 en la provincia italiana de Ancona, noveno hijo del conde Girolamo Mastai Ferreti y Caterina Solazzi, este joven se consagró sacerdote en 1819 y su espíritu misionero lo llevó a aceptar viajar a América, junto a Muzi y Sallusti, pese a la oposición de su progenitora. Con el tiempo alcanzaría los más altos destinos de la carrera eclesiástica.

Arribados a Montevideo en el último mes de 1824, la impresión del presbítero fue muy descriptiva: "Montevideo está asentada en una elevación de terreno que avanza a modo de península sobre el Río de la Plata. En el mismo río hay una bahía capaz, en la que pueden anclar los más grandes navíos".

Recibidos con gran hospitalidad por el vicario provincial Dámaso Antonio Larrañaga, por el gobernador Carlos Federico Lecor- representante del incipiente Imperio del Brasil -y por el cabildo de la ciudad, ratificaron a San Felipe y Santiago como los Santos Patronos de la ciudad, lo que lleva al sacerdote e historiador argentino Guillermo Furlong a decir que la entonces centenaria Montevideo fue durante esta visita de dos meses y medio "el centro religioso más importante del Río de la Plata".

Entre las anécdotas relatadas por estos religiosos, sobresale el viaje hacia la quinta de Francisco Juanicó, hoy ruta 5 Km 38, aproximadamente, cuando el carruaje se desplazaba por la actual zona del Prado, a la altura del arroyo Quitacalzones, luego entubado bajo la avenida Juan Carlos Blanco, se empantó. Salvada la situación, el joven clérigo ironizó, haciendo un juego de palabras con el nombre del curso de agua: "Lo que es los nuestros, no nos los ha quitado", provocando la risa de sus compañeros de aventura.

Maravillado por la catedral montevideana, el futuro prelado señaló en una carta que "Es la mejor que he visto en América", agregando su colega Sallusti que "aún colocada en el centro de Roma, tendría su mérito particular". Los visitantes se alojaron en la casa del comerciante Manuel Ximénez y Gómez, construida hacia 1820, aún bajo dominación portuguesa, ubicada en la entonces San Telmo (25 de Agosto) y San Fernando (Juan Carlos Gómez), llegando a orar en la capilla de la que hoy es una de las sedes del Museo Histórico Nacional.

Salvador, uno de los hijos del propietario de la casona, entabló amistad con el futuro Santo Padre, jugando alguna que otra partida de ajedrez. Elegido como Pío IX en 1846, un año después recibió la visita de aquel niño, recordaron aquellos días transcurridos en la hoy capital uruguaya y lo nombró cónsul general pontificio en el Uruguay.

También se ha manejado como motivo del viaje que Mastai-Ferreti habría traído en 1824 el tesoro de joyas, monedas y lingotes de oro, que fuera buscado a mediados del siglo pasado por Clara Masilotti, supuestamente enterrado en el Cementerio Central, lo que en su momento despertó gran expectativa. La no coincidencia de fechas- el camposanto de la calle Gonzalo Ramírez fue construido recién entre 1832 y 35 -cuestiona esta teoría.

Durante su reinado de casi 32 años, fueron ocupados por Italia los Estados Pontificios, lo que fue resistido por el pontífice; se inició en la Iglesia el denominado catolicismo social para defender los derechos de los trabajadores tras la Revolución Industrial y se proclamó el dogma de la infalibilidad papal en el Concilio Vaticano I de 1869-70. Falleció en 1878, siempre recordando aquella aldea montevideana.

En 1897 el pastelero Ceferino Isla creó un pequeño pastel en Granada, España como homenaje a Pío IX, "dulce de pequeño tamaño hecho con un bizcocho borracho enrollado sobre sí mismo y coronado con una crema tostada", de acuerdo al Diccionario de la RAE. Así nació el "Pionono".

Juan Pablo II y la polémica de la cruz

El 31 de marzo de 1987 y bajo intensa lluvia aterrizaba en Montevideo el Papa Juan Pablo II, en una visita que se extendería hasta el día siguiente. Karol Wojtyla nació en 1920 en un pueblo cercano a Cracovia, Polonia, tratándose del primero que no era italiano desde hacía 450 años. Su elección estuvo rodeada del misterio por la repentina muerte por un infarto de su antecesor, Albino Luciani, acaecida en setiembre de 1978 a los 33 días de su mandato.

Como sacerdote debió soportar la invasión nazi de 1939 a 1945 y la dominación stalinista posterior a la Segunda Guerra Mundial, y como Papa condenó al comunismo soviético y al imperialismo estadounidense, el aborto y la fecundación artificial, al mismo tiempo que defendió los derechos humanos y promovió la paz.

Su presencia en Montevideo en esos primeros años del gobierno de Julio María Sanguinetti fue gestionada por el Canciller Enrique Iglesias, dado que el religioso también visitaría Argentina y Chile, como recuerdo de la mediación papal de 1978 que evitó un enfrentamiento bélico entre ambos países. Sería un gesto de concordia de un gobierno que significó el regreso a la democracia en el país luego de 13 años de dictadura civil-militar.

En la multitudinaria misa del primer día de abril de 1987 en Tres Cruces Juan Pablo II saludó a toda la Iglesia y a toda la sociedad uruguaya señalando: "Queridos uruguayos: Vuestra patria nació católica. Sus próceres se valieron del consejo de preclaros sacerdotes que alentaron los primeros pasos de la nación uruguaya con la enseñanza de Cristo y de su Iglesia, y la encomendaron a la protección de la Virgen que, bajo la advocación de los Treinta y Tres, hoy nos preside junto a la cruz". Acto seguido, saludó a los jóvenes y emprendió el viaje a tierras trasandinas.

Una cruz que despertó debates filosóficos en la visita de Juan Pablo II en 1987

Precisamente, la enorme cruz de hierro blanco de 24 metros de altura, 8 metros de ancho y 7500 kilos de peso en el altar fue el centro de la polémica en los meses venideros. Prevista su ubicación solo para la presencia papal, el mismo día luego del evento el presidente Sanguinetti, colorado, liberal y agnóstico, lanzó la idea de la permanencia del símbolo en ese lugar, "como recuerdo de esta circunstancia histórica, que recordará no solo a la comunidad católica, sino a todos los hombres de buena voluntad".

Apoyada la idea por dirigentes nacionalistas como el senador Alberto Zumarán y el edil Jaime Trobo, fue rechazada en la Junta Departamental de Montevideo por 21 votos a 10, y hasta hubo una propuesta de curules de Lavalleja, de que, si no permanecía en la capital, fuera instalada en el cerro del Verdún. ¡Hasta la masonería se pronunció! La Gran Maestría de la Gran Logia en un comunicado sostuvo que "de ninguna manera es aceptable la exhibición en sitio público de un símbolo religioso que congrega a su alrededor a solo una parte de la sociedad uruguaya y que, por tanto, no debe imponerse al resto de la población".

Llevada la cuestión al Parlamento, el proyecto del senador Gonzalo Aguirre, futuro vicepresidente de la República, fundamentó que la cruz "No se mantendría como símbolo religioso ni como adhesión del Estado a una determinada religión", sino como "monumento conmemorativo de un acontecimiento histórico". Aprobada la iniciativa en la Cámara Alta por 19 votos en 31, en la cámara de Representantes varios legisladores manifestaron hablar como ciudadanos y no por disciplina partidaria. 48 voluntades contra 41 definieron el tema, existiendo diputados que actuaron contra toda su bancada, como el democristiano Héctor Lezcano (luego ministro de Turismo), que votó la propuesta, rechazada por el resto de la bancada frenteamplista.

Casi cuatro décadas después, la cruz sigue allí y en 2005, tras la muerte de Juan Pablo II, se colocó a su pie la estatua del Papa que estaba desde 2001 en el santuario de Jesús Resucitado, a pocos metros del shopping y terminal de Tres Cruces.

La vuelta de un Papa y un baño cinematográfico

 

Melo y el "Baño del Papa" en la visita de mayo de 1988

Del 7 al 9 de mayo de 1988 el Sumo Pontífice volvió a visitar nuestro país, como parte de un recorrido que también incluía Bolivia, Perú y Paraguay. La innovación de esta ocasión sería que además de la capital uruguaya, pasaría por Melo, Florida y Salto.

Luego de una gran misa en el Estadio Centenario y visitar la Universidad Católica Dámaso Antonio Larrañaga, el sucesor de Pedro voló a Melo, en donde en el barrio La Concordia, ante un numeroso público, exaltó la cultura del trabajo que "no es, pues, algo que el hombre debe realizar solo para ganarse la vida; es una dimensión humana que puede y debe ser santificada, para llevar a los hombres a que se cumpla plenamente su vocación de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios".

Casi dos décadas luego de esta presencia de Su Santidad en suelo uruguayo, los cineastas César Charlone y Enrique Fernández se inspiraron en "El día que el Papa fue a Melo", cuento del escritor, periodista, profesor y diseñador gráfico norteño (creador de la camiseta "verdeamarelha") Aldyr García Schlee (1934-2018) para escribir el guion de la película "El baño del Papa", estrenada en 2007, producción con participación brasileña y francesa, protagonizada por César Troncoso.

Con una expectativa desmedida en Melo - se decía que recibirían alrededor de 50 000 visitantes, el pueblo comienza a preparar venta de comestibles, medallas y banderines, confiando en que la visita de muchos peregrinos les traerá desarrollo económico, emocionados por la bendición de recibir al Papa. Troncoso encarna a Beto, un "bagayero" que confecciona un baño frente a su casa, con la esperanza de que los visitantes lo usaran "a voluntad" y hasta el propio jefe de la Iglesia Católica pasara por el mismo. En la búsqueda del dinero para su realización, cae en dificultades y embrollos. La comitiva papal llega a la capital arachana, pero su presencia no provoca el éxito de ventas esperado. La película representa la Ilusión y posterior decepción de los más pobres, que vieron el evento como la oportunidad de sus vidas, la que no se concreta.

Increíblemente, ¡el Baño del Papa existió! En ocasión de la misa en Tres Cruces, en el vecino Hospital Italiano, el Papa Juan Pablo II se cambió de ropa antes de encabezar la misa el 1º de abril de 1987 en la sacristía que se ubicaba junto a la capilla del nosocomio, la que fue remodelada para la oportunidad. Se dejó bajo llave un sector con baño para uso exclusivo del pontífice, pero cuando éste lo requirió, la llave no apareció, y terminó usando otro.

 

ALEJANDRO GIMÉNEZ RODRÍGUEZ

Historiador, docente, comunicador,

exasesor en la Dirección Nacional de Cultura del MEC

 

Imagen de portada: Juan Mastai Ferreti, el futuro Pio IX que estuvo en Montevideo hace dos siglos


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2026-10-25T18:45:00