Perros y gatos en el mito y la literatura

Alejandro Carreño T.

 

Cuando se habla de animales domésticos famosos, y no tan domésticos también, por sus andanzas, hazañas y aventuras, normalmente se apunta de inmediato a aquellos animales que pueblan los cómics, el cine y programas dedicados al mundo animal que, por lo general, presentan la vida del reino salvaje en su hábitat natural. El cine amplía esta mirada y crea sus propios animales, muchos de ellos salidos de los cómics. Son personajes de ficción, cuadrúpedos, es cierto, pero personajes que han deleitado a generaciones. Ahí está Washington, por ejemplo, el perro astuto de Condorito, el clásico cómic chileno salido del lápiz de Pepo, publicado por primera vez el 6 de agosto de 1949.  O el perro Milú, inseparable amigo de Tintin, cuyo nombre original es Milou, creación de Hergé cuando tenía 18 años, publicado en 1929. Milou, es el nombre con que cariñosamente Hergé llamaba a su novia Marie-Louise Van Cutsem. Y ni hablar del gato Garfield, haragán y comedor de lasaña, creado por Jim Davis y aparecido por primera vez el 19 de junio de 1978. O los caballos Tornado del legendario Zorro y Plata, del no menos legendario Llanero Solitario. Todos ellos compartieron la niñez de muchas generaciones que hoy las reviven en cómics que guardan "como hueso santo", como manda el refrán, tesoro invaluable de recuerdos y andanzas callejeras.

Pero la literatura, el mito y la historia también tienen los suyos. Son animales que se confunden con sus amos formando un todo indivisible, o que su comportamiento explica el mundo en que se desarrolla la acción, como el Gato de Cheshire de Alicia en el País de las Maravillas (Ediciones del Sur, 2003, Universidad Complutenses de Madrid), que se sonríe y aparece y desaparece alterando la noción de normalidad de lo que se entiende como vida cotidiana: "A Alicia no la sorprende demasiado, tan acostumbrada estaba ya a que sucedieran cosas raras. Estaba todavía mirando hacia el lugar donde el Gato había estado, cuando éste apareció de golpe" (p. 60). El Gato de Cheshire representa lo incomprensible de ese mundo para Alicia, la locura que envuelve la narración y explica el comportamiento de los personajes, sus acciones y el propio tiempo: "Visita al que quieras: los dos están locos", dice el Gato refiriéndose al Sombrero y a la Liebre de Marzo. "-Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca-protestó Alicia. / --Oh, eso no lo puedes evitar -repuso el Gato--. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca / --¿Cómo sabes que yo estoy loca? -- preguntó Alicia. / --Tienes que estarlo afirmó el Gato--, o no habrías venido aquí" (p. 60).

¿Cómo llegó este Gato de Cheshire, que ilustra ciertos rasgos del absurdo literario como la incoherencia que se traduce en la representación de un mundo carente de sentido inherente al funcionamiento del hombre, de la comunicación y de las cosas, a la clásica novela de Lewis Carrol? Para algunos estudiosos como Ann Clark, 1979 (Lewis Carroll: A Biography) y Martin Gardner, 2000 (The Annotate Alice: The Definitive Edition), su origen se encuentra en una escultura de la iglesia de St. Peter, en el pequeño pueblo de Croft-on-Tees, al noreste de Inglaterra, donde su padre fue rector entre los años 1843 y 1868. Sin embargo, y del mismo modo, que el Gato de Cheshire aparece y desaparece en la novela, dejando solo su ancha sonrisa para espanto de la pequeña Alicia, en la realidad hace lo suyo para confundir las investigaciones en torno a su origen. En 1992, en el artículo "Gato de Cheshire" publicado por Wikipedia, miembros de la Lewis Carroll Society presentaron otra fuente inspiradora de Lewis Carrol de su filosófico gato: "una gárgola esculpida en un pilar de St Nicolas Church, en Cranleigh", pueblo al que el autor solía viajar cuando vivía en Guildford y donde su padre también había sido rector. Sin embargo, para Charles Char, 2012, (The Cheshire Cat: Behind the Grin), el origen se encuentra en una "escultura en la cara oeste de la torre de St Wilfrid's Church, Grappenhall, Warrington, en el condado de Cheshire. De ahí su nombre.

Pero el Gato con Botas (Le Maître Chat o Le Chat botté), maestro del embuste para dejar bien puesto a su amo, no necesita de ninguna sonrisa como el Gato de Cheshire. Su historia, tal como la conocemos hoy a partir del cuento recopilado por Charles Perrault en 1695 y publicado dos años después en su libro Cuentos de antaño (Histoires ou contes du temps passé. Avec des moralités), tiene su origen en la más pura tradición literaria del relato breve que contiene en su desenlace una moraleja. Como solía ocurrir en aquellos tiempos, el manuscrito está dedicado a un personaje de alcurnia, en este caso, a la sobrina de Luis XIV. La primera fuente de nuestro Gato con Botas se encuentra en una recopilación de cuentos escritos o recopilados en dos volúmenes por Giovanni Francesco Straparola en 1550: Piacevoli notti. En cada una de las trece noches del Carnaval de Venecia, se contaban historias placenteras. En la undécima noche, Fiordana cuenta a sus compañeros lo sucedido a Constantino Fortunato. La versión francesa de la Académie d'Orléans-Tours comienza así: "Il était une fois, il y a très longtemps, un meunier. Lorsqu'il fut trop vieux pour continuer à travailler, il partagea ses biens entre ses trois fils. Il donna le moulin à son fils aîné, l'âne à son fils cadet, et un chat à son plus jeune fils".

El hijo menor, Constantino Fortunato, en la versión en español, recibe un gato de herencia. Y se lamenta porque no sabe cómo se ganará la vida con un gato: "Mais moi, comment gagner ma vie avec un simple chat?". Es en este momento en que aparece el gato astuto y parlanchín: "Allons! Courage dit le Chat au plus jeune fils. Donne-moi une paire de bottes pour aller dans les broussailles et un sac avec des cordons. Si tu fais ainsi, tu ne seras plus jamais malheureux". Le pide a Constantino Fortunato, futuro Marqués de Carabás, los atuendos que a él harán famoso, y rico al pobre heredero: un saco y un par de botas. A partir de este momento, la historia del Gato con Botas entrará a los anales de la más rica tradición literaria de los cuentos de hadas. En italiano existen varias versiones en internet. Sugiero esta: Il Gatto con gli stivali (Ministerio della Difesa, Carabinieri). En cuanto a una versión en inglés directa del original italiano de Giovanni Francesco Straparola, presento al lector la de SurLaLune: (Puss in Boots | Costantino Fortunato).

La segunda fuente de El Gato con Botas la encontramos en el Pentamerón, El Cuento de los Cuentos, de Giambattista Basile (Siruela, Madrid, 2019. Introducción de Benedetto Croce y Epílogo de Italo Calvino). Es la historia de "Cagliuso, Pasatiempo cuarto de la segunda jornada". La versión que recoge Giambattista Basile en su obra, cuyo nombre original es Lo cunto de li cunti overo lo trattenemiento de peccerille, presenta diferencias radicales con la de Giovanni Francesco Straparola, aunque se mantiene, por cierto, la relevancia de la trama que caracteriza la historia. La primera diferencia es que en la versión que ahora revisamos, publicada en Nápoles en cinco tomos entre los años 1634 y 1636 con el seudónimo de Gian Alesio Abbattutis, y póstumamente publicada por Adriana Basile, hermana del autor, bajo el título Pentamerón, en 1674, los hijos herederos son solo dos, Oraziello y Cagliugso, el menor, que hereda una gata, no un gato, la segunda diferencia. Una tercera diferencia es que Cagliuso no tiene ningún título de nobleza. Es, simplemente, Don Cagliuso. La ausencia de las famosas botas y del saco representan la cuarta diferencia con el texto de Giovanni Francesco Straparola. Por último, tal vez la más importante y que da origen a la moraleja, es la traición de Cagliuso a su gata.  

La gata ha escuchado los lamentos de su amo: "¡Vaya negra herencia que me ha dejado mi padre! ¡No gano ni para mi propio sustento, y ahora encima he de alimentar dos bocas!" (p. 176). Y le promete hacerlo rico: "Te quejas en demasía y tienes más suerte que sesos. Pero no conoces tu suerte, pues yo soy capaz de hacerte rico si me lo propongo" (p. 176). Y así lo hizo. Le llevaba obsequios al Rey que daba en nombre del quejumbroso y pobre heredero: "Don Cagliuso, esclavo de Vuestra Alteza hasta la azotea, os envía este pez con sus respetos y dice: "a gran señor, pequeño obsequio". La trama de la versión de Basile sigue el curso que todos conocemos. Cagliuso se enriquece, se casa con la hija del rey y le promete a la gata "que cuando muriese, de ahí a cien años, la mandaría embalsamar y la pondría en una urna de oro dentro de su propia habitación, para así tener siempre ante sus ojos su recuerdo" (p. 179). Después de todo, gracias a ella "y a sus buenos oficios debía la vida y su grandeza" (pp. 178 y 179). Pero pronto se olvida de sus promesas. La gata, astuta, lo pone a prueba y al tercer día se finge muerta. La encuentra la esposa de Cagliuso: "¡Ay, marido mío, qué tremenda desgracia! (p. 179). La reacción del ahora rico heredero, representa la arista más innovadora de los orígenes del cuento, recogida en el texto de Basile, que popularizó Charles Perrault: la traición del hombre al animal.

"¡Pues que se lleve consigo todas las desventuras!". "¡Mejor ella que nosotros!". Y ante la pregunta "¿qué hacemos?, de la esposa, respondió: "¡Cógela de una pata y arrójala por la ventana!" (p. 179). De la traición a la moraleja con que termina historia: "Dios te guarde de los ricos empobrecidos / y de los miserables que se han enriquecido" (p. 179). Por cierto, la gata abandona a Cagliusto, haciendo caso omiso a sus súplicas de perdón y poses de humildad. El gato no solo es un animal doméstico que sorprende en la literatura, sobre todo en las historias de hadas y relatos fantásticos, sino que representa, además, una variedad de símbolos según la cultura que lo acoge. En Egipto, nos dice Herder Lexikon en su Dicionário dos símbolos, "venera-se o gato doméstico, jeitoso e útil, como animal sagrado da deusa Bastet, a protetora do lar, das mães e das crianças" (Círculo do Livro, São Paulo, Brasil, 1990, p. 105). Pero en la Edad Media los gatos no gozaban de ninguna consideración, pues se les asociaba con las brujas, "e o macho preto, em especial, era símbolo do Diabo; a superstição via nele, portanto, um causador de desgraças", nos dice Lexikon. Una imagen bien diferente del gato que hemos revisado en estas líneas, y cuyos orígenes dieron vida al del saco y sus botas, El Gato con Botas que a tantas generaciones ha deleitado por su generosidad, su talento y su magia, el cariño a su dueño y, ciertamente, por su astucia.

En el cuento "El inmortal", de Jorge Luis Borges (El Aleph, 1949 en Obras Completas I, Emecé, 1996), el tribuno militar de una de las legiones de Roma, Marco Flaminio Rufo, llega a la entrada de la Ciudad de los Inmortales, luego de una travesía por ignotos y fantásticos lugares confundidos en el tiempo y por el tiempo. Lo acompaña un troglodita a quien desea enseñarle algunas palabras, pero su ser irracional se lo impidió. En este punto aparece en el relato Argos, el perro de Ulises: "La humildad y miseria del troglodita me trajeron a la memoria, la imagen de Argos, el viejo perro moribundo de la Odisea, y así le puse el nombre de Argos y traté de enseñárselo" (p. 539). Los trogloditas son los inmortales, y Argos, después de muchos años, pronuncia unas palabras: "Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceó estas palabras: Argos, perro de Ulises. Y después, también sin mirarme: Este perro tirado en el estiércol". Argos le hace honor al que tal vez sea el rasgo simbólico más representativo del animal: la fidelidad: "A fidelidade proverbial do câo faz dele ainda hoje um símbolo muito difundido da fidelidade (e, por exemplo, no Japâo) um ajudante e protetor mítico sobretudo das mulheres e crianças" (en el citado Dicionário dos Símbolos). La fidelidad de un perro trasciende la figura del animal que integra la familia de millones de personas en el mundo.

Como Argos, el perro de Ulises, el héroe homérico que "cansado de prodigios" luego de veinte años de guerras y aventuras, "lloró de amor al divisar su Ítaca verde y humilde", como nos dice Jorge Luis Borges en su clásico poema "Arte Poética" (El Hacedor, 1960): "A su lado, un perro que estaba acostado levanta las orejas y endereza las orejas. Argos, el perro del valiente Ulises que él mismo había criado [...], yacía vergonzosamente sobre el vil estiércol de los mulos y de los bueyes amontonado delante de las puertas [...] el desgraciado Argos, todo cubierto de parásitos que lo devoraban. Cuando cerca de él, este perro advierte la presencia de Ulises, menea el rabo y baja las dos orejas; pero no puede ir hasta su amo. Ulises, al ver esto, deja escapar en secreto algunas lágrimas [...]. Entre tanto, Argos sucumbió a las duras leyes de la muerte, tan pronto como hubo reconocido a su dueño, al cabo de veinte años de haberle perdido" (La Odisea, Ediciones Zeus, 1968, capítulo XVII, pp. 215-216). Argos simboliza no solo la inveterada fidelidad del can por su amo, sino también el transcurrir del tiempo. La vida y la muerte que lo cubre "tan pronto" como reconoce a Ulises, después de veinte años de "haberle perdido".

Si Argos es el símbolo de la humildad y la fidelidad, Cerbero, Cérbero o Cancerbero representa el terror. No es cualquier perro, y su retrato responde a la mirada de filósofos y escritores que lo han descrito desde su comprensión del mito. Su presencia tanto en la mitología griega como latina, se asocia con el mundo de los muertos. En su libro Manual de zoología fantástica, Jorge Luis Borges en colaboración con Margarita Guerrero (Fondo de Cultura Económica, México, 1957), comentan: "Si el Infierno es una casa, la casa de Hades, es natural que un perro la guarde; también es natural que a ese perro lo imaginen atroz" (p. 47). En el Canto VI del Infierno, Dante describe a Cerbero: "fiera cruel y extraña, ladra cual perro de tres bocas a los que aquí están sumergidos. Tiene rojo los ojos; el pelo hirsuto y negro, deforme el vientre y las manos con uñas, con las cuales desgarra y descuartiza a los espíritus" (La Divina Comedia, Ediciones Zeus, Barcelona, 1970, p. 36). Llama la atención las características humanas que Dante le atribuye al perro del Infierno: pelo hirsuto y negro, dedos con uñas que desgarran. Borges y Guerrero señalan que estos "caracteres humanos agravan su índole infernal". Pero ladra como cualquier perro. Cancerbero, con tres cabezas, dicen los mencionados autores, "denota el pasado, el presente y el porvenir, que reciben y, como quien dice, devoran todas las cosas" (p. 47). La representación de un tiempo circular que todo lo consume.

Otros autores, como Hesíodo, describen a Cerbero, hijo de Equidna, a su vez hija de Medusa, con cincuenta cabezas: "En segundo lugar tuvo un prodigioso hijo, indecible, el sanguinario Cerbero, perro de broncíneo ladrido de Hades, de cincuenta cabezas, despiadado y feroz" (Teogonía, Gredos, 1978, pp. 84 y 85:). Pero Cerbero era gentil con aquellas almas que entraban al Hades, el inframundo, del cual jamás saldrían, y devoraba a quienes intentaban escapar. Otras versiones, como la del poeta griego Píndaro, habla de cien cabezas. Y Horacio, el poeta latino, lo describe con una sola cabeza de perro y cien cabezas de serpiente, tal vez pensando que, en Teogonía, Equidna, la madre del perro-monstruo, tiene la mitad del cuerpo de serpiente y su padre, Tifón, cabeza de serpiente. Pero tanto el mito como la literatura lo han descrito universalmente a Cerbero con tres cabezas.  De esta forma, el mito del perro guardián del Hades se va enriqueciendo con cada una de las descripciones de los clásicos poetas de la Antigüedad y de quienes le sucedieron.

Argos y Cerbero tuvieron vida de perros. Ambos leales. Una lealtad humana y otra demoníaca. Pero Cerbero, a diferencia de Argos, tuvo muchas descripciones y varios nombres. De hecho, Eurípides, en su tragedia Heracles, lo describe con tres cuerpos: "El enorme Cérbero hace retumbar este reino con el ladrido de sus tres gargantas, recostado como un coloso delante de la caverna [...]. El perro, abriendo sus tres gargantas, lo agarra conforme venía, con rabiosa hambre, y relaja sus descomunales lomos echado en tierra, y se extiende enorme por toda la caverna". Con todo, Cerbero es un perro cuya naturaleza de descomunal fantasía, enriqueció el mito y la literatura con sus diversas historias y narraciones extraordinarias. Argos muere y su muerte se traduce en símbolo de lealtad y tiempo. Así lo recuerdan todos los escritos. Pero, Cerbero, aunque derrotado varias veces, vive la gloria de la eternidad. No ha muerto. Hades era demasiado poderoso para permitir su muerte. Eneas, el héroe de la Eneida de Virgilio, usó un pastel de cebada con miel para adormecerlo. Y Psique, para recuperar el amor de Eros, hijo de Afrodita (Venus en la mitología romana), debía superar la prueba que la vengativa diosa le había impuesto, que no era otra que entrar al Inframundo y dominar al monstruoso perro-guardián. Lo hizo, como Eneas, dándole un pastel de cebada con miel. Orfeo lo durmió con su música. Hermes, por su parte, lo adormeció con agua del río Lete.

De todas las derrotas sufridas por Cerbero, la más memorable fue a manos de Heracles, cumpliendo el mandato del rey Euristeo, quien le ordenó traer a Cerbero a su palacio en Micenas, siendo esta tarea la decimosegunda y última misión que Heracles (Hércules), debía cumplir para alcanzar la inmortalidad. Hades autoriza que su perro-guardián salga del Inframundo con la obligación de que el mítico héroe lo regrese a su mundo de los muertos donde él gobierna.

Gatos y perros pueblan el mito y la literatura no solo de la cultura clásica occidental que heredamos, sino de todas las culturas y de todos los tiempos. En este trabajo hemos querido ilustrarlo con algunos ejemplos cuyos orígenes y vivencias trascienden, ciertamente, la simple lectura de las obras donde ellos son, también, protagonistas que viven en el tiempo y se confunden con él, en ciclos histórico-culturales que los leen, reinterpretan y eternizan.

 

ALEJANDRO CARREÑO T.

Profesor de Castellano, magíster en Comunicación y Semiótica,

doctor en Comunicación. Columnista y ensayista" (Chile)

 

Imagen: Cerberus/Extracto de Gustave Doré en Dante, Inferno: Canto 6, líneas 24-26/ Wikimedia Commons


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2026-03-15T22:23:00