Reconstrucción: Varsovia, un doble abordaje

Adrien Sarlat

Contenido de la edición 16.01.2026

 

Destruida casi por completo durante la Segunda Guerra Mundial, la capital polaca experimentó un original proceso de reconstrucción, a medio camino entre la conservación y la modernización. Una hazaña arquitectónica que debió su éxito y rapidez al contexto político, pero también a la implicación de sus habitantes.

Una llanura sembrada de escombros y ruinas que cubre decenas de kilómetros cuadrados: eso es lo que se puede observar en la vista aérea en blanco y negro de Varsovia que se exhibe en el Museo de la Insurrección de la capital polaca. Parece imposible imaginar que en ese montón de ruinas llegó a levantarse una ciudad conocida como el "París del Norte". A finales de 1944, no quedaba prácticamente nada de la urbe que las tropas nazis arrasaron como represalia a los dos meses de insurrección de sus habitantes. Cuando el Ejército Rojo entró en la capital, el 17 de enero de 1945, la ciudad estaba desierta.

"Más de la mitad de los edificios estaban en ruinas y el centro histórico había quedado prácticamente destruido", explica Blazej Brzostek, historiador y profesor de la Universidad de Varsovia. El Palacio Real, residencia presidencial y símbolo de la historia nacional, había sido completamente destruido. Sin embargo, incluso cuando la ciudad todavía estaba bajo la ocupación alemana, algunos arquitectos ya trabajaban en los planes de reconstrucción, anticipando su liberación. Esos expertos desempeñaron una función decisiva en su reconstrucción. "Esos arquitectos siguieron transmitiendo, en la clandestinidad, sus conocimientos a los jóvenes aprendices, aun sabiendo que al hacerlo se arriesgaban a ser ejecutados por los nazis", explica Krzysztof Mordynski, historiador y conservador del Museo de la Universidad de Varsovia. Tras la derrota de Alemania, el más famoso de ellos, Jan Zachwatowicz, fue nombrado jefe del departamento de arquitectura histórica en la Oficina de Reconstrucción de la capital.

Fundada en 1945, esta institución coordinó sobre todo los proyectos de reconstrucción del centro histórico. La tarea se articuló alrededor de dos principios: usar elementos de archivo fiables, cuando estaban disponibles, y reproducir la imagen de la ciudad como era a finales del siglo XVIII, un periodo para el que se disponía de una iconografía detallada y de numerosos documentos históricos.

Una hucha ciudadana

Al terminar la guerra, la reconstrucción del centro histórico fue una de las prioridades de las nuevas autoridades. "Era una forma de ganar legitimidad entre los ciudadanos, en particular los artistas y los intelectuales", recuerda Blazej Brzostek. Gracias a la Oficina de Reconstrucción de Varsovia -cuyos archivos figuran desde 2011 en el Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO-, la reconstrucción del casco antiguo se completó en apenas una década. "Al principio, algunos propusieron dejarla en ruinas, como un vestigio que recordaría los horrores de la guerra. Pero Zachwatowicz se opuso a esta idea", explica Krzysztof Mordynski.

Muy pronto se impuso la opción de reconstruir solamente los edificios que habían sido levantados entre los siglos XIV y XVIII, y preservar el trazado de las calles medievales, y se modernizó el interior de las viviendas para facilitar el regreso de los vecinos que habían abandonado el barrio al final de la guerra. En cuanto al emblemático Palacio Real, su reconstrucción comenzó en 1971 y se completó en 1984, gracias a donativos procedentes de todo el país. El símbolo de esa contribución cívica es la célebre hucha de cristal en forma de cubo gigante, en la que los ciudadanos depositaban monedas, billetes y objetos de valor para financiar la reconstrucción. La alcancía de cristal estaba adornada con una reproducción del reloj del palacio que marcaba las 11h30, hora en que las agujas de la esfera se detuvieron el 17 de setiembre de 1939, cuando las llamas devoraron el edificio.

Fachadas brutalistas

En su conjunto, el trabajo de restauración del centro histórico sigue siendo una referencia en Europa por sus dimensiones, la rapidez de su ejecución y la calidad de sus resultados, factores que hoy en día atraen a multitud de turistas y que acreditan su presencia, desde 1980, en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sin embargo, los esfuerzos de la reconstrucción histórica de Varsovia se detienen en las fronteras del centro histórico, y la perspectiva es muy diferente en el resto de la capital. "Para las nuevas autoridades, el objetivo era construir, no reconstruir", resume Blazej Brzostek. Para ellas, la capital arrasada era un solar virgen donde podrían edificar la ciudad ideal del futuro, con arreglo a las normas del modernismo socialista.

El trabajo de restauración de la ciudad antigua sigue siendo una referencia en Europa por sus dimensiones, la rapidez de su ejecución y la calidad de sus resultados

Basándose en el trabajo de los denominados "arquitectos modernizadores", los planificadores imaginaron una capital dotada de grandes fachadas de estilo brutalista, surcada por amplias avenidas que facilitaran el desplazamiento de los habitantes de un extremo al otro de la urbe.

Esa transformación fue posible gracias a la nueva normativa que reglamentaba los bienes raíces. "Gracias al Decreto Bierut, que en 1945 abolió la propiedad privada del suelo en Varsovia, el Estado pudo remodelar el trazado de las calles sin tener que adquirir una a una todas las parcelas de terreno para hacer pasar los nuevos ejes de circulación", explica Blazej Brzostek. El legado más conocido del estilo brutalista polaco lo constituyen el Palacio de la Cultura y la Ciencia y la Plaza de los Desfiles, en torno a los cuales se estructura actualmente el centro urbano de la ciudad.

La eficacia del proceso de reconstrucción fue objeto de una gran publicidad durante los años de reconstrucción. Aun cuando, a diferencia del centro histórico, la ciudad moderna fue financiada primordialmente con fondos públicos, ambos proyectos lograron unir a la nación polaca en torno a la labor de reconstrucción, al suscitar el entusiasmo de los ciudadanos. "Al término de la jornada de trabajo, los vecinos de Varsovia venían a ayudar en la tarea de recuperar los ladrillos de los edificios en ruinas para volver a usarlos. Con el paso del tiempo, el trabajo voluntario se convirtió en una contribución obligatoria y en todos los rincones del país se organizaron caravanas de trabajo para que todos los polacos pudieran participar en la reconstrucción", afirma Krzysztof Mordynski. Mientras los alemanes, al destruir la capital, trataron de aniquilar la idea misma de una nación polaca, la ironía del destino hizo que la reconstrucción de Varsovia se convirtiera en uno de sus pilares.

 

ADRIEN SARLAT

Periodista en Varsovia, Polonia

 

Imagen: Reconstrucción de Varsovia tras la Segunda Guerra Mundial. Foto de archivo, 1948.

Public domain / National Digital Archives of Poland / Socjalistyczna Agencja Prasowa

Publicado originalmente en El Correo de la Unesco, octubre de 2025. Reproducido con autorización expresa de los editores.


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2026-01-16T14:16:00