Sueño online

Alejandro Vásquez Escalona.

Contenido de la edición 12.08.2026

 

Sobre una tela suave de cuadritos verdes, amarillos y negros en un papel de cuaderno se ve el horario que alegremente y sin obligación cubro casi todos los días. Comienzo a las cinco de la mañana con meditación. Finalizo una hora y media después. Sobre la hoja de cuaderno se forma un triángulo de la luz de la mañana que entra por la ventana. Imagínenlo para no alargar el relato. Imagínenlo. Luego salgo a un parque cercano a correr suave alternado con caminata.

Posteo en Instagram la fotografía que hice el martes con mi móvil. Casi ningún comentario. No tengo muchos seguidores. A pesar de esto, ella envía un emoji de las manitos que aplauden. Le comento. Anoche soné con vos. Nos amábamos y cogíamos. Bonito el sueño, dice ella. Y no me lo invento. No es ficción con pretensiones de seducirte, le comento. La muchacha que habita en un país lejano no lo piensa y sostiene, tengo dos días con vos en la cabeza. ¿Será por eso que soñaste conmigo? Ja ja, qué rico sueño el tuyo. Un beso. Y se despide con un corazoncito rojo. No azul, rojo. Pienso en ella, en su lejanía, cuatro horas de vuelo. Cuatro horas de vuelo. Desempleado. Sesenta y muchos años. Esta vez sí.  Atizo la impunidad. Envío otro mensaje, sois un espectro de sensualidad, con una candelita debajo. Gracias, ¿por qué lo dices?, indaga ella con inocencia pervertida. Porque lo siento. No debes agradecer. Es mi ilusión. Y allí soy absolutamente libre, como en mis sueños, explico. Agradezco, porque así lo siento, responde ella.

Al otro día le solicito el correo para enviarle otra fotografía. Una sabana anaranjada a lo largo de la cama donde duermo y sueño, En la sabana se ven las arrugas dejadas en la noche por mi cuerpo, similares a olas sobre ese mar encrespado. A los pies una manta azul celeste intensa que usé en invierno. Hago tres fotografías verticales, ángulo en picado con bajas velocidades de obturación sucesivamente.  Edito las imágenes en secuencia. La última se ve como una especie de vapor azul anaranjado. Le envío la fotografía. Uhh, esos colores, suspira ella en el mensaje de respuesta. Gracias por la fotografía. ¿Te gusta?, le pregunto. Me encanta, dice. Nadie puede quitarme la ilusión de soñar con vos, sentir que floto en esos colores. Y me despido.

El domingo, tres días después, a las seis de mañana me preparo para ir al mar. Siempre lo hago. Me acuerdo de ella. Escribo para su correo. Buen día. Cuánto diera por ver cómo se mueven tus labios cuando dices me encanta al ver la fotografía de la cama. Evoco la manera cómo se empequeñecen tus ojos orientalizando, la sensualidad de tu rostro debajo de ese cabello breve desenfadado e incendiado de rojizo.  Después voy al mar. Queda a una distancia de tres o cuatro kilómetros. Corro tres cuadras y camino una. Al llegar a la playa, paseo descalzo con los pies dentro del agua. Escucho el sonido de las olas. Imagino donde quedará mi casa en ese país ajado que dejé. No sé dónde es norte, menos el sur. Soy torpe en geografía.

Hoy miraré el horizonte para especular en qué dirección ven el mundo los ojos de la chica lejana. Vivo en el mar una dinámica similar a otros domingos. Solo que hoy, fotografío en detalles unos claveles amarillos incrustados en la arena. Las figuritas que hacen los residuos de un polvillo volcánico negro batido por el mar, una etiqueta de cerveza Pilsen. Pienso en la fotografía narrativa que construiré. Regreso a casa. Ahora no troto. Camino. Llego a casa. Entro al baño. Me ducho con agua del calentador a pesar que es primavera y la temperatura es similar a la ciudad caribeña de donde vengo. Donde habitan otros sueños.

 

ALEJANDRO VÁSQUEZ ESCALONA

(Venezuela, 1956). Fotógrafo, escritor, videoasta. Profesor de la

Escuela de Comunicación Social de La Universidad del Zulia (1987/2016).

Docente invitado a Aquelarre - Escuela de Fotografía. Montevideo (Uruguay-2021)

acuantola@gmail.com

 

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2026-08-12T21:00:00